Una Beretta negra
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Jack y Don Cristóbal están tomando su habitual lección de media noche en el estudio al calor del fuego y con su habitual bebida virginal.
-- Jack, recibirás hoy una sorpresa, lo que tanto has anhelado, un arma.
Cuando tímidamente un sirviente abre la puerta.
-- Mi amo, Don Giacomo ha llegado.
-- Hazlo pasar a la armería y dile que en un momento estaremos con él. Piensa esto Jack, nada es casualidad.
En la armería Don Giacomo admira la colección de armas.
-- Ninguna arma de fuego, Don Cristóbal es definitivamente un romántico.
Estaba pensando esto cuando de un rincón en sombras surge Don Cristóbal seguido de Jack.
-- Don Giacomo, cuanto tiempo sin disfrutar de su presencia ¿tal vez como cien años? -- dice Don Cristóbal mientras lo saluda efusivamente. A Jack esto le parece bastante extraño por que nunca había visto a Don Cristóbal tratar tan familiarmente a alguien.
-- Don Cristóbal, Y si efectivamente no nos veíamos desde que usted ayudó financieramente al señor Beretta a fundar la fábrica.
-- Si hasta el día de hoy recibo muy buenos dividendos por esa inversión, a pesar de que no gusto de las armas de fuego. Y eso de la debo a ti Giacomo por haberme convencido de invertir en él. Cuenteme como está el viejo.
-- Pues hace rato que murió, Don Cristóbal -- Dice Don Giacomo con cara de extrañeza -- acuerdese que nunca quiso recibir el don del abrazo ni siquiera de usted, pero actualmente sigue su heredero, creo que es tal vez la cuarta generación de Beretta en la gerencia de la compañía.
-- Es una calamidad, siempre me olvido de lo corta que es la vida del ganado aún en los que se destacan en su arte como Beretta.
-- Ese es el destino de muchos, Don Cristóbal. Pero cambiando de tema me alegró mucho su carta y particularmente que decidiera por fin ver los productos de la fabrica. ¿Al fin le ha tomado gusto a las armas de fuego?
-- Lamento desilusionarte viejo amigo, las armas no son para mi, son para este chiquillo del Arzobispo el cual he tomado a mi cuidado.
-- Don Giacomo la presento a Jack, Jack le presento a Don Giacomo representante de la fábrica Beretta.
-- Bueno en otra ocasión será, tarde o temprano te convenceré de que uses una. Mucho gusto Jack, veo que eres joven en esta no-vida así que entraremos en materia inmediatamente, los jóvenes son tan impacientes.
Don Giacomo aplaude y de las sombras surgen varios criados que arrastran sendas maletas con ruedas, las colocan en las mesas y las abren delicadamente como abriendo cajitas de joyas. Dentro, en los forros de terciopelo negro, verdaderas joyas de asesinato.
-- Obviamente estas son armas solo para clientes especiales no son las que lanzamos al público en general -- Dice orgullosamente Don Giacomo.
Jack se acerca con verdadero deleite y las toca suavemente. Don Cristóbal sonríe, el discípulo está aprendiendo a apreciar el arte en todas sus facetas.
-- Jack recuerda, solo puedes seleccionar una, la que ha de ser tu espada en tu lucha por el Sabbat. Solo una.
(Aquí sigue un dialogo altamente técnico entre Don Giacomo y Jack, donde este último termina seleccionando el arma de su sueños. Ver http://www.beretta.com/)
