Aljadra
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Aljadra
Todo tienen un comienzo
Siendo una niña muy pequeña viajaba con sus padres y el resto de su clan por el bosque de lhalorn, cuando fueron atacados por una banda de orcos. Sus padres, indefensos, para salvar la vida de su hija del inminente ataque la posaron en una cama de hojas de álamo y huyeron para alejar a los orcos de ella, que quedo tranquila, acompañada por los sonidos del bosque que la arrullaron hasta hacerla dormir. Al atardecer se despertó cuando escucho unas voces que susurraban - suf ! - i bent i bida - fayn - fayn hiya? - fe-hda l-bab, fe i Al-Yacirat-Aljadra y con el sonido de esa última palabra en su cabeza se volvió a dormir…
Años de desconcierto
La sensación de ser diferente nuevamente se apodero de ella. Siempre sucedía cuando algún viajero llegaba a la arboleda y se quedaba mirándola asombrado, por un momento todos volteaban a verla y luego desviaban la mirada y hablaban de otras cosas, pero ella conocía esas miradas. Desde que tenía memoria sabía que era diferente, que aunque amada y bien tenida no pertenecía a esta tribu. Muchas veces habló con la sacerdotisa mayor, siempre le decía que debía aguardar el tiempo para partir, que a su debido tiempo sentiría la necesidad de irse, recorrer el mundo, aprender las artes que le interesaban y buscar a otros de su raza, pero que todavía le restaba un tiempo más en compañía de los druidas.
Una mañana de otoño cuando las hojas de los árboles se tornaron naranjas supo que era el tiempo de partir, se dirigió, como tantas veces lo había hecho, al álamo más viejo de la arboleda, donde vivía la sacerdotisa. Al llegar vio que estaba en el umbral esperándola con una sonrisa y que le daba vueltas a algo en sus manos. Cuando llego a su lado la miro fijamente y tendió un collar hacia ella. En un lazo de cuero colgaba un hermoso cristal de ámbar violeta. - Para que me recuerdes en tu travesía y sepas como volver cuando tengas necesidad de un remanso de paz. Aljadra tomo el collar y poniéndoselo lo oculto entre sus ropas. Y partió. No se despidió de nadie mas, sintió el peso de las miradas de los demás y como a medida que se alejaba de la arboleda ese peso se desvanecía y quedaba la incertidumbre. No sabia hacia donde ir, o que iba a encontrar pero el saberse libre la embargaba de felicidad.
La senda del guerrero
Durante el otoño, Aljadra disfruto del bosque, de la compañía de algunos animales salvajes y sobre todo de la oportunidad de conocerse. Siempre se había sentido diferente pero ahora podía explorar sus instintos sin la mirada opresiva de los demás. Puso en práctica cuando había aprendido sobre hierbas y logró en silencio comunicarse con un lince que a veces le salía al paso y la observaba mientras caminaba por el bosque a la luz de la luna. En uno de estas caminatas vio una fogata en medio del bosque e intrigada se acercó. Lo primero que noto fue el olor, un hombre estaba asando un trozo de carne, se enfureció al ver el resto del animal desollado y decidida se dirigió hacia el.
- Nadie le ha enseñado a respetar los animales, el hombre volteó a verla y entre asombrado y divertido se hecho a reír. - No tienes miedo de enfrentarme en medio de la noche, sin armas y sin más protección que esa ropa cuero. - Niña, siéntate y acompáñame, deja tu furia, le he pedido a Bastet, su anuencia para cazar esta presa y la diosa me lo ha permitido. Algo se han de comer sus hijos, y le mostró como el lince, mientras hablaban, se había quedado con el resto de la presa y lo llevaba en sus fauces para alimentarse. El lince se quedo mirándola y en ese momento supo que la incertidumbre, por un tiempo se había acabado.
Ermëoi, el guerrero, la convenció de pasar el invierno junto a el. Durante las frías noches le enseño las bases del combate y el manejo de las armas. Le contó historias sobre guerras pasadas. Le hablo de Bastet la diosa gato, de sus favores y preceptos: el valor de la vida mortal, las cosas bellas y la libertad por encima de las reglas agobiantes. Al comienzo de la primavera cuando el rió comenzó a fluir de nuevo, llego el tiempo de partir. Ermëoi, la insto a entrar a la universidad para completar su entrenamiento. - No soy compañía para nadie, le dijo pausadamente y ella supo que hablaba con la verdad en el corazón y siguió su consejo. Asi partió hacia Kognolidel a buscar conocimiento.

