Francisco Santacruz Torralva Tercero
Categorías: Juegos de rol |
Luis Alejandro Bernal Romero Miembro Fundador Grupo Iskariote
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1. Algo de mí
Mi padre era estricto, no me pasaba ni un sólo error. Desde adolescente me llevaba a esas aburridas reuniones políticas, introduciéndome en la vida nacional. Esa vida de estrategia y engaño que al final me resultó gustando. No en vano estudié en Oxford, el sitio donde hacer contactos
Pero lo mejor fue cuando en una noche sin luna, su padre lo levantó cerca de la media noche. Vestía de negro y traía una túnica del mismo color en su brazo. Me tapo la boca me hizo vestir la túnica hecha de costal.
- Ahora vas a conocer en donde está la fuente del poder - Me dijo de
- manera críptica.
Tomamos el mejor auto de la casa y después de conducir como dos horas nos acercamos a una finca a las afueras de Bogotá.
- Está alejada, para que no se escuchen los cánticos y los gritos - Y
- con una sonrisa una sombra recorrió el rostro de mi padre - No hables a menos que te se dirijan a ti directamente, no mires a nadie a los ojos. Se prudente.
Entré a un salón en donde habían personas con togas negras y capuchas que ensombrecían sus rostros. Un pentáculo estaba marcado en el piso hecho con cintas, que luego me explicó mi padre, de oro, plata y bronce.
Velas negras y antorchas rojas. Cánticos repetitivos. En un momento me sentí como desconectado de la realidad. Todo giraba, pero lentamente, sin producir mareo, era más bien un éxtasis. Sentía un vacío debajo de mi diafragma, era como una nube de humo negro y espeso, casi sólido, pero sin fondo.
En un momento me llamaron ante el maese. Me quitó la toga dejándome desnudo. Sacó una daga y pasó su filo por mi pecho. Casi pierdo el conocimiento al ver mi sangre saliendo. Pronunció unas palabras, puso la mano en mi pecho y la herida cicatrizó inmediatamente. Días después observé que bajo ciertas condiciones se notaba la cicatriz, un pentáculo.
Muchas cosas más pasaron en mi ceremonia de iniciación, la mayoría terrores que no puedo describir.
Pero era verdad, en la orden estaba el poder y no sólo el nimio poder de la política colombiana, sino el mundial. Casi todas las personas de poder en el mundo pertenecían a ello. Un ejemplo, la guerra del golfo fue una decisión consensuada entre los maeses de la Orden y estos pertenecían a ambos lados del conflicto.
Me ayudó mucho en mi carrera política, sobra decir que mi entrada a Oxford fue influenciada por la Orden. Dos doctorados: Politología y finanzas. Pero eso no fue lo importante, de hecho casi no iba a clases, sino los contactos, lo que me servirían en mi carrera. Obviamente fui presidente de de la hermandas por la que pasaron todos los líderes que estudiaron por la Universidad.
Cuando volví a Colombia comencé ayudando a mi padre en su compaña como concejal. Le monté toda su plataforma política y fui el gerente de la campaña.
El poder, yo creía que estar en la Orden era el poder. Pero desde la oscuridad inmortal de la no-vida llegó el verdadero poder.
2. La ultima fiesta vivo
Me preparaba para la reunión, traje de calle, por lo que tomé uno de los italianos y haciendo un nudo Windsor doble a mi corbata de seda italiana, de esas que tienen una cadenita detrás, pensaba en que auto llevaría.
- Lo mejor es el Jaguar, es un auto fino y sobrio que no usaría un nuevo-rico, en especial esos que han hecho su fortuna con dinero negro - reflexionaba mientras hacía el nudo mecánicamente ante el espejo.
Así que me encaminé por la circunvalar a buscar a Adrianita, mi novia, una modelo de moda en ese entonces.
Llegué al edificio de Adrianita. El portero se demoró en llamarla, hacía como que tenía muchas cosas que hacer y la mía era la última de sus prioridades. Una pequeña subida de voz y aceleró su trabajo. Casi siempre funcionaba, pero ahora dispongo de herramientas más sutiles y efectivas de dominación.
Llagamos a la reunión he inmediatamente un mesero puso un escoces en mi mano, aunque el lo llamaba ignorantemente:
- Quiere un buesquei Doctor?
- Si, en las rocas.
Adrianita se había ido a hacer labor social y la última vez que la vi estaba en un grupo de mujeres parecidas a ella, modelos y reinas de belleza. Fotocopias.
Con el vaso en mi mano recorrí visualmente todo el amplio salón. Estaban todos los que deberían estar, más alguno que otro advenedizo los cuales no me digné en saludar. Al fondo había dos personajes que no conocía, sus trajes oscuros eran más finos que el mío y me invitaron una copa.
- Somos los Cancilleres de Venezuela y Perú - Me saludaron extendiéndome la manos y mirándome a los ojos.
En sus miradas había algo intemporal y siniestro, ese nivel de oscuridad no lo tenía ni el Maese de la Orden. Pero algo en su conversación, en sus sonrisas me hicieron tranquilizar artificialmente.
- Hemos estado siguiendo su carrera Don Francisco Santacruz - Empleaban el 'Don' no como en mi país, sonaba arcaico en sus labios, anacrónico - Sabemos que usted es el verdadero artífice del reciente éxito político de su padre.
Yo me quedé cayado, pues yo había mantenido un perfil relativamente bajo en mi gestión, para los ojos del mundo yo era simplemente el gerente de campaña de mi padre y nada más. Era el delfín que recién llegado de estudiar su doctorado necesitaba un puesto para iniciarse en la política nacional. Pero ellos insinuaban conocimientos de mi verdadero papel en la campaña de tal forma que no podía acusarlos directamente, pero que me dejaban entrever una red de información excelente.
El poder de esos señores era patente casi sólido como hierro. Se podía sentir el metal detrás de esas maneras refinadas. Eso y sus sonrisas me cautivaron, me llevaron a tal punto que yo no les podía decir no.
- Queríamos invitarlo a una fiesta privada, sólo estaremos personas muy seleccionadas. Claro está, puede ir con su novia - Dijeron con esas sonrisas encantadoras, pero que eran ordenes directas - Sobra decir que apoyaremos la candidatura de su padre, y que ese es uno de los temas de la reunión.
- En un rato la avisaremos.
Cuando me separé de ellos no sentí esa simpatía artificial y algo de desconfianza afloró. Busqué a mi padre, que estaba entre los invitados:
- Papi. Quienes son esos dos? - dije desconfiadamente.
- Don los Cancilleres de Venezuela y Perú. Te vía hace un rato hablando con ellos, muy bien hijo. Han expresado interés en apoyar mi candidatura.
- Me han invitado a una fiesta privada en donde concretaremos su apoyo - Dije - Necesito uno de tu guardaespaldas.
- Llévate a Pedro, es el único entrenado en Inglaterra que puede conducir tu Jaguar.
Mientras Pedro conducía siguiendo los Mercedes de matricula diplomática me fui a tras con Adrianita y aprovechamos he hicimos algunas cosas.
Era una finca en la Calera, la vista excelente, la casa sin comparación, tenían objetos que era imposible tener en el país, incluyendo obras de pintores famosos, que al parecer no eran reproducciones.
Adrianita se reunión con la señora de la casa que al parecer tenía su propia fiesta femenina. Los hombre nos fuimos al estudio donde otra sorpresa, me alcanzaron un Habano, literalmente un tabaco hecho en la Habana.
- Excelente tabaco, nuca había probado algo como esto.
- Si, tienen que ser lo son los que hacen especialmente para Fidel - dijo el Canciller de Venezuela con una sonrisa que dejaba ver una diversión malsana.
Yo no me explicaba como este grupo tenía había llegado a tener acceso a tales objetos. Pero algo me impedía ponerme suspicaz.
Hablamos largamente, en especial de negocios que podrían traer mucho dinero y por supuesto, poder. Les manifesté mi interés en un transporte alternativo al metro para la ciudad de Bogotá y como deseaba tener una participación mayoritaria en él.
En un momento el Canciller de Venezuela se hace detrás de mi silla y tomándome fuertemente de los hombros muerde mi cuello. Yo caigo quedo inconsciente.
3. Despertar a la no-vida
Desperté, me sentía extraño, algo así como una lejanía de la vida, pero al mismo tiempo mis sentidos estaban mucho más afinados, tenía un hambre voraz. Tenía una pijama de seda de manufactura excelente. Un closed y dos puertas una perecía la de baño y la otra al del cuarto. Revisé la primera, efectivamente.
Abrí el closed. Armanis, negros y grises oscuros, colores que por alguna extraña razón me parecían adecuados para mi nueva vida.
- "Nueva vida", que extraño pensamiento - me dije a mi mismo.
Hice todo el ritual de arreglarme pero no me había crecido la barba estaba igual que el día anterior.
Me puse un Armani gris a rayas y tomé una corbata de seda italiana y ejecuté el Windsor doble impecablemente.
- Nunca me había quedado así, debo estar aprendiendo.
Bajé, en la sala estaban los Cancilleres.
- Buenas noches, casi lo perdemos, durmió un mes completo.
Al parecer notaron mi desconcierto porque me invitaron a sentarme y con miradas me decían que me darían una explicación.
- Bienvenido a la familia.
Al tiempo que el Canciller de Venezuela decía esto un sirviente me pasó una copa de lo que parecía ser vino. Yo la tomé como si nunca hubiera comido en mi vida. Era sangre.
El Canciller era mi señor el que me había convertido. Había entrado e una familia de verdadero poder.
Ahora era un vampiro.

